| |
Los aditivos están teóricamente prohibidos en la leche, no así en sus derivados, según los diferentes códigos alimentarios. Sin embargo muchas industrias lácteas tienen su sala de recuperación de leches que, como por supuesto no son oficialmente reconocidas, tienen su acceso prohibido a toda persona ajena a un reducido grupo de sus empleados. Tengo referencias de lo que allí suelen hacer, a través de pacientes que trabajan en algunas de estas industrias y que por supuesto no le recomendarían lácteos a nadie.
Las leches que ya están para descarte se tratan, una parte con soda cáustica y otra parte con antibióticos y conservadores, pero nada se pierde, todo se transforma y por esto son tan poderosas y ricas estas industrias.
Se han detectado 29 antibióticos distintos en diferentes leches. El yogur vencido suele ser tratado con antibióticos y luego sembrado con bacterias no sensibles a estos antibióticos, saborizantes, edulcorantes o azúcar y otros aditivos, con lo que se lo convierte en lo que se conoce como leche cultivada, uno de los más recientes inventos, que se venden con publicidades que hacen creer que es tan bueno o mejor que la leche materna y esto lleva a que muchas veces, lleguen a los hospitales, bebés y pequeños niños intoxicados con leche cultivada. Muchas de las enfermedades alérgicas, micosis, alteraciones de la flora intestinal, alteraciones hepáticas, e incluso el cáncer pueden estar asociadas a estos y a otros aditivos que se le agregan a los lácteos habitualmente.
A continuación se mencionan sólo algunos de los aditivos de los lácteos:
Leche: Nitratos, antibióticos.
Productos lácteos en general: Lecitina, mono y diglicéridos, alginato glicolpropileno (emulsificantes), citrato de sodio y ácido calcio pirofosfórico (secuestradores)
Leche condensada: Además de los presentes en la leche común, fosfato disódico, citrato disódico, cloruro de calcio.
Yogur: Edulcorantes, saborizantes, etc.
Postres de leche: Estabilizadores, condensadores, colorantes artificiales, edulcorantes.
Polvo para flanes y postres: ácido tartárico, cítrico, málico, fumárico, cloruro de calcio y colorantes artificiales.
Dulce de leche: Además de los de la leche, etilvainillina.
Polvo para helados: saborizantes químicos, alginato de sodio. Monoglicérodos.
Quesos (incluso untable): Propoinato de calcio, propionato de sodio y ácido sórbico (antimicótico), nitrato de sodio o potasio (de los que se forman nitrosaminas cancerígenas durante el procesamiento), parafina, litrol, rubina, silicatos y sulfatos de calcio y aluminio, residuos de plástico (corteza), etc.
En estudios futuros intentaremos confirmar en los lácteos la presencia o no de prolactina, hormona hipofisaria que estimula la lactancia y de fenobarbital (barbitúrico que se le suele aplicar a las vacas).
Una conocida institución destinada a la defensa del consumidor, publicó que según sus estudios, los lácteos no reciben antibióticos ni conservadores. Basta con ver que prácticamente no hay leche que se corte para comprender que este mentiroso estudio seguramente guarda relación con los intereses de las industrias lácteas que financian a esta institución, para que le haga creer al consumidor que está protegido.
En 1970 aproximadamente 1.300 toneladas de antibióticos fueron administrados al ganado y animales de criadero de los EE. UU. Asimismo se le agrega un valor de 500 millones de dólares anuales de antibióticos a la ración vacuna y estos antibióticos son transmitidos a la población en los lácteos producidos con la leche de estos animales. Luego de extraída y antes de procesarla o después, se le aportan otros antibióticos y aditivos cuya presencia se suma a la acción antigénica de las proteínas de la leche de y al desequilibrio de la flora habitual y al desarrollo de gérmenes oportunistas e infecciones resistentes a los antibióticos comunes. La flora intestinal normal controla el desarrollo del hongo llamado cándida albicans. Cuando estos antibióticos que vienen con los alimentos o los indicados por algún médico, afectan esta flora, la cándida empieza a hacerse patógena y a secretar toxinas neurotrópicas y mutagénicas, según el Dr. Iwata de la Universidad de Tokio. Estas a su vez pueden dañar los nervios y producir mutaciones genéticas. La infección micótica ocurre primariamente en la piel, uñas, boca, vagina, bronquios o en los pulmones e incluso en la sangre, Además este hongo producedeficiencia de magnesio, zinc y ácidos grasos esenciales y esto trae sus respectivos problemas. Además de los lácteos, los azúcares simples se suman como caldo de cultivo para las cándidas albicans.Estos hongos al igual que muchos parásitos aumentan los antojos extremos por dulces de todo tipo, a lo cual se suma todo lo vinculado al Síndrome de Estrés, Depresión y Adicciones (SEDA: hipoglucemias y algo más) mencionado en el capítulo 1. Además de los dulces y los lácteos, las harinas refinadas, alimentos levados y fermentados, aditivos químicos y trazas de antibióticos, promueven el desarrollo de la candidiasis. Según la opinión de la doctora Martha Cottrell, Mark Mead y Michio Kushi, en el libro SIDA, Macrobiótica e Inmunología Natural, el libro más científicamente fundamentado de toda la literatura macrobiótica, del cual se han extraído muchos valiosos aportes y referencias bibliográficas que se mencionan en este capítulo, “en un futuro cercano, el problema de la candidiasis, podría convertirse en una crisis planetaria de magnitud similar al SIDA y al cáncer y sin embargo es muy factible de evitar”.
|
|