5. Grasas (colesterol, triglicéridos) por acción directa(arterioesclerosis) e indirecta (a través de constipación y transporte de cancerígenos liposolubles por ejemplo).
 
 


Los lípidos o grasas de los lácteos, son saturadas o sea, más densas y más sólidas y con sus carbonos unidos por ligaduras simples. Estas son las grasas que prevalecen en todos los alimentos de origen animal, con excepción del pescado de mar, donde prevalecen las llamadas poliinsaturadas. En los vegetales, prevalece en cambio, las mono o poiinsaturadas que son menos densas, más líquidas y de más fácil digestión, con excepción del coco, cacao y palta que presentan un considerable contenido de grasas saturadas. En las saturadas que constituyen la leche y sus derivados, encontramos colesterol y ácidos grasos, siendo estos últimos en el organismo convertidos, por ejemplo, en triglicéridos, al unirse con glicerol (alcohol de la glicerina). Tanto el colesterol como los triglicéridos, como ya es conocido por todos, se ha correlacionado, cuando están en exceso, con los trastornos llamados arterioesclerosis y ateroesclerosis. Esto puede afectar tanto a arterias coronarias, conduciendo a la larga aun infarto de miocardio., como a arterias cerebrales, deteriorando en forma progresiva las funciones y estructuras del cerebro. También puede producirse esto en los riñones, en el intestino o en las arterias de las piernas (empobreciendo su circulación y en ocasiones obligando a llegar a amputaciones) o en cualquier parte del cuerpo.

Se ha demostrado que la leche homogeneizada, es doblemente más perjudicial para la arterioesclerosis que la no homogeneizada. La homogeneización es el proceso que permite que la grasa de la leche se subdivida en finas partículas y se distribuya homogéneamente, evitándose así la separación de la nata y el suero, para que así sea más comercial el producto. Las grasas se encierran en pequeñas partículas llamadas liposomas, que también incluyen y protegen de la digestión que normalmente harían los jugos digestivos, a un peligroso elemento llamado Factor X-O o enzima Xantino Oxidasa. Si bien esta enzima también se produce en el organismo para degradar las purinas de la dieta y convertirlas en ácido úrico, en este caso y en los lugares correspondientes (hepatocitos o células hepáticas) no provoca riesgo para el organismo. Pero este factor X-O proveniente de la leche y sus derivados que entra al torrente sanguíneo sin escollos gracias a la homogeneización de la misma, es sin lugar a dudas, el principal detonante de las lesiones de las arterias donde luego se depositarán grasas como el colesterol y los triglicéridos, plaquetas y minerales como el calcio, fibrina, etc., obstruyéndose gradualmente la luz arterial y el paso de sangre y/o endureciéndose las arterias favoreciéndose también así la hipertensión arterial en personas predispuestas. En el 7° punto de este capítulo daremos más datos sobre el factor X-O y en el de enfermedades cardiovasculares ampliaremos la información sobre lo antedicho.

Las grasas saturadas también enlentecen el transito intestinal y todo el mundo sabe que los quesos son, junto con la carne, los más importantes causantes de constipación o estreñimiento. Indirectamente, a través de provocar esto y de transportar toxinas liposolubles (solubles en grasas), muchas de las cuales son cancerígenas, permiten que estas toxinas por ellos acarreadas y otras no llevadas por ellos, tengan tiempo de actuar en la luz del intestino o de absorberse y afectar cualquier sector del organismo.

Esto está relacionado con el cáncer de colon y de otras localizaciones y con las afecciones hepáticas ya que el hígado capta esas toxinas que se absorbieron debido a la constipación, para intentar bloquearlas, pero a costa de producirse típicos síntomas hepáticos como cefaleas o hemicráneas, dolor en la zona del hígado, fotofobia (rechazo por la luz), contracturas musculares (sobretodo en la región cervical), náuseas, irritabilidad con o sin hipertensión arterial, etc.

La leche, quesos, yogures y otros lácteos descremados o “dietéticos” si bien tienen menos grasas que los enteros, como mucha gente los cree más sanos, como más, con lo cual puede en muchos casos, estar ingiriendo la misma o a veces mayor cantidad de grasas e indefectiblemente más cantidad de proteínas bovinas, que por lo visto pueden ser más perjudiciales que las grasas por lo menos en cuanto a variedad de enfermedades que pueden desencadenar.

Además, existen evidencias científicas de que la caseína y quizás otras proteínas de la leche, se pueden transformar en grasas saturadas como el colesterol, lo cual implica que ni siquiera utilizando moderadas cantidades de lácteos descremados se logra hacer una verdadera prevención y menos aún tratamiento, de las enfermedades cardiovasculares y otros trastornos vinculados con este tipo de grasas
 
   
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