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Al matar con antibióticos y vacunas, esos gérmenes que estaban siendo eliminados del organismo, toda esa basura sigue quedando adentro. Según parece las bacterias muertas o moribundas podrían ser quienes den origen a virus a los que ya no les afectan los antibióticos y como estos pueden perjudicar las defensas, harían que la infección virósica se prolongue más tiempo. Si no siguen porel camino de la transformación en virus o en bacterias resistentes a los antibióticos empleados, otra opción podría ser que esa basura (excedente de proteínas, grasas, calcio, etc.), se acumule formando verrugas, quistes, displasias, fibromas, tumores benignos o a la larga también malignos, si éste modus operandis se sigue repitiendo y se suman otros factores. Es lógico pensar en estos pasos si comprendemos que estas patologías son, en definitiva, células u otras formas más o menos organizadas de proteínas y otros residuos que, por lo antedicho y por otros motivos (incompetencia de los órganos depuradores del organismo, excesivo aporte con balance positivo, etc.), no se pueden eliminar y se van acumulando.
Hace falta consultar con un médico no muy cerrado a lo ortodoxo, ni muy fanático en contra de esto, para saber cuál es el punto a partir del cual ya pasa a ser peligroso no aceptar el antibiótico que él debería indicar y no ser automedicado y por cuánto tiempo se debe tomar. Esto se ampliará en el capítulo Enfermedades Infecciosas
Es paradójico apreciar como el calcio de los lácteos no se deposita en donde se necesita(zona en los huesos que lo requieren) sino en cualquier otro lugar. Es más, como veremos roban más calcio del que aportan, siendo por esto causales de osteoporosis, como queda demostrado irrefutablemente en los más grandes y serios estudios científicos que mencionaremos al hablar de esta enfermedad. Como se recordará dijimos en el punto 1 de este capítulo, que al bajar la IgA intestinal, las proteínas de la leche pueden absorberse enteras sin degradarse. El calcio de la leche y sus derivados viene en forma de compuestos, unidos a proteínas formando, por ejemplo, caseinato de calcio. Si se absorbe de esa forma o incluso, aunque se absorbiera como calcio aislado, o que el mismo se liberara al atacar el sistema inmunológico a esta proteína extraña, es muy probable que persista una memoria molecular similar a la que tiene una proteína por su estructura cuaternaria o disposición en el espacio, que le haga recordar para qué fue preparada en realidad esa molécula: para formar parte de la estructura ósea y desarrollar otras funciones en el ternero, que poco o nada tiene que ver con los huesos, y las otras funciones que en el ser humano debe desarrollar. Si bien esto es sólo una suposición, lo innegable es que el calcio de los lácteos, por el motivo que sea, se deposita, por ejemplo, en las zonas articulares de los huesos, formando los típicos osteofitos de las artrosis, también conocidos como “picos de loro” o en los riñones formando litasis o cálculos de oxalato de calcio, o en la vesícula constituyendo, junto con el colesterol, los famosos cálculos biliares. También se lo encuentra en las mamas, en forma de macro o microcalcificaciones aisladas o confluyentes, siendo estas últimas signo radiológico de malignidad tumoral o en las arterias integrando las frecuentes placas de ateromas calcificadas que las van obstruyendo o en núcleos del cerebro, que se calcifican o en la opacificación del cristalino, conocida como cataratas o en cualquier otro lugar del cuerpo. Serios trabajos científicos demuestran, que la leche fortificada con vitamina D y sus derivados, aumenta estos depósitos anormales de calcio.
No sólo el calcio de los lácteos puede depositarse en forma anómala sino también el calcio medicamentoso que se suele aportar desmedidamente por temor a la osteoporosis.
El calcio calculado por la Naturaleza para el ser humano es otro, el que se encuentra en los alimentos que mencionamos al hablar de saludables reemplazos. Por cierto, no sólo proteínas o calcio, son los elementos provenientes de los lácteos que pueden depositarse en forma inadecuada. Varios de los elementos que lo constituyen, también podrían seguir lo ya visto para el calcio y las proteínas. Un ejemplo muy estudiado es el de las grasas. |
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